Cuando ocurre un accidente, los nervios suelen tomar el control antes que la lógica. Sin embargo, conocer los errores en una emergencia puede marcar la diferencia entre ayudar de verdad o empeorar la situación sin querer. En esos momentos no hace falta convertirse en un superhéroe de película, pero sí actuar con calma, sentido común y siguiendo unas pautas básicas que protejan tanto a la víctima como a quien presta ayuda.